Domingo Segundo del Tiempo Ordinario

 La primera oración de esta misa, que se hace eco de la antífona de entrada, celebra el  dominio soberano de Dios «que gobierna a un tiempo cielo y tierra». Es evidente que Dios no tiene necesidad alguna de nuestra alabanza, y, con todo, es El mismo quien nos inspira para que le demos gracias: «Aunque nuestras bendiciones no le enriquecen, pero nos sirven de salvación» (Pr. común 4).
Las otras dos oraciones, unidas íntimamente con la celebran ión de la Eucaristía, nos ofrecen una enseñanza de gran profundidad sobre este misterio. La oración sobre las ofrendas nos recuerda que el convite del Señor es un «memorial del sacrificio de Cristo» y que actualiza «la obra de nuestra Redención». Cada vez que celebramos la misa, revivimos la Pascua de Cristo, conforme lo expresa la misma aclamación que sigue a la consagración del pan y el vino. La oración después de la comunión precisa que el fruto de la Eucaristía consiste, ante todo, en la unidad de cuantos han participado en ella. El pan de Cristo, fraccionado por el
sacerdote y distribuido entre los hermanos, debe hacer de los cristianos un solo cuerpo que viva de un mismo amor. La mesa dispuesta es la del Dios-Amor. El sacramento del amor de nuestro Dios es para nosotros «el signo de la unidad y el lazo de la caridad» (San Agustín).


Antífona de Entrada

Que se postre ante ti, oh Dios, la tierra entera; que toquen en tu amor, que toquen para tu nombre.

Se dice «Gloria».

Oración Colecta

Oremos: Dios todopoderoso que gobiernas a un tiempo cielo y tierra, escucha paternalmente la oración de tu pueblo y haz que los días de nuestra vida se fundamenten en tu paz. Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.


LECTURAS

El milagro de Caná, que refiere el evangelio, es a la vez el primer signo operado por Jesús, un lejano vaticinio de la Eucaristía y la bendición por parte de Cristo del matrimonio humano. La primera lectura pretende hacer hincapié en este último aspecto.
En el pasaje de la primera carta de San Pablo a los Corintios, que hoy leemos, el Apóstol, al dirigirse a una comunidad sumamente dividida, insiste en el hecho de que, si bien en la Iglesia los ministerios pueden ser diversos, todos ellos proceden sin embargo de un mismo Espíritu.


LECTURA DEL LIBRO DE ISAÍAS 62, 1-5

El marido se alegrará con su esposa

Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que rompa la aurora de su justicia y su salvación llamee como antorcha. Los pueblos verán tu justicia, y los reyes, tu gloria; te pondrán un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor. Serás corona fúlgida en la mano del Señor y diadema real en la palma de tu Dios. Ya no te llamarán «abandonada», ni a tu tierra «devastada»; a ti te llamarán «Mi favorita», y a tu tierra «Desposada»; Porque el Señor te prefiere a ti y tu tierra tendrá marido. Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa, lo encontrará tu Dios contigo.

SALMO RESPONSORIAL 95

R/ Contad a todos los pueblos las maravillas del Señor

Cantad al Señor un cántico nuevo
cantad al Señor, toda la tierra,
cantad al Señor, bendecid su nombre.

Proclamad día tras día su victoria,
contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones.

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor.

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda.
Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él gobierna a los pueblos rectamente".

LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS 12, 4-11

El mismo y único Espíritu reparte a cada uno, como a él le parece

Hermanos: Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Y así uno recibe del Espíritu el hablar con sabiduría; otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu. Hay quien, por el mismo Espíritu, recibe el don de la fe; y otro, por el mismo Espíritu, don de curar. A éste le han concedido hacer milagros; a aquél, profetizar. A otro, distinguir los buenos y los malos espíritus. A uno, el lenguaje arcano a otro, el don de interpretarlo. El mismo y único Espíritu obra todo esto, repartiendo a cada uno en particular como a él le parece.

EVANGELIO 2Ts. 2, 14

Aleluya, aleluya.
Dios nos ha llamado por medio del Evangelio
para que consigamos la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
Aleluya.

Lectura del santo Evangelio según San Juan 2 1-12

En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí; Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino y la madre de Jesús le dijo: «No les queda vino.» Jesús le contestó: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora." Su madre dijo a los sirvientes: "Haced lo que él os diga." Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua.» Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: «Sacad ahora, y llevádselo al mayordomo.» Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua ), y entonces llamó al novio v le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor, tú en cambio has guardado el vino bueno hasta ahora.»
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él. Después bajó a Cafarnaún con su madre y sus herma nos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días.

Se dice «Credo».

Oración de los Fieles

Hermanos, oremos al Señor y pidámosle que escuche compasivamente nuestras plegarias. Contestemos: Te rogamos, Señor, óyenos.

Por la santa Iglesia de Dios, para que Dios nuestro Señor le conceda la paz y la unidad y la proteja en todo el mundo, roguemos al Señor.

Por los gobernantes de nuestra patria y de todas las naciones, para que Dios nuestro Señor dirija sus pensamientos y decisiones hacia una paz verdadera, roguemos al Señor.

Por los que están en camino de conversión y por los que se preparan a recibir el bautismo, para que Dios nuestro Señor les abra la puerta de su misericordia y les dé parte en la vida nueva de Cristo Jesús, roguemos al Señor.

Por nuestros familiares y amigos que no están ahora aquí con nosotros, para que Dios nuestro Señor escuche sus oraciones y lleve a realidad sus deseos, roguemos al Señor.

Dios nuestro, que, en la hora de la cruz invitaste a la humanidad a unirse a Cristo, esposo y Señor, escucha nuestras oraciones y haz que la Iglesia experimente en el convite dominical la fuerza transformadora del amor de Cristo, y sepa pregustar en este convite la esperanza alegre de las bodas eternas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Oración sobre las Ofrendas

Concédenos, Señor, participar dignamente de estos santos misterios, pues cada vez que celebramos este memorial del sacrificio de Cristo, se realiza la obra de nuestra redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Prefacio

La alabanza, don de Dios

El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
pues, aunque no necesitas de nuestra alabanza,
es don tuyo el que seamos agradecidos;
y aunque nuestras bendiciones no aumentan tu gloria,
nos aprovechan para nuestra salvación,
por Cristo nuestro Señor.
Por eso, unidos a los ángeles, te aclamamos llenos de alegría:

Santo, Santo, Santo…

Antífona de la Comunión

Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en Él.

Oración después de la Comunión

Oremos:
Infúndenos, Señor, el espíritu de tu caridad para que alimentados del mismo pan del cielo, permanezcamos siempre unidos por el mismo amor. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.


EL VINO NUEVO

En Caná de Galilea Jesús "comenzó sus signos, manifestó su gloria y fortaleció la fe de sus discípulos".
Con Jesús se inaugura algo nuevo y distinto. Jesús lo cambia todo. Viene a Caná y el agua, símbolo de la antigua alianza, se cambia en vino, la alianza definitiva. Viene al mundo y "pasó el mundo viejo y ha venido el mundo nuevo" (2 Cor. 5,17). Viene a nuestra vida y, si realmente creemos, nuestra vida cambia. Pasamos de una vida gris a una vida pujante que baila y canta y rompe todas las falsas ataduras. ¡El vino de Jesucristo!, el vino nuevo que revienta los odres viejos (Mc 2,22).
Y en Caná está presente María con su fuerza engendradora: trajo al mundo a Jesús y lo trae ahora a su vida pública, a su misión liberadora. Está engendrando el perfil de los nuevos discípulos de Jesús, y los exhorta: "Haced lo que Él os diga". Hay que pedirle a ella la gracia de Caná: creer que Jesús lo cambia todo.