El
programa que nos traza la Iglesia en el día del comienzo de la Cuaresma se fija menos en
la significación de la imposición de la ceniza que en las palabras que la acompañan en
algunas regiones: «Convertíos y creed en el Evangelio».Antífona
de Entrada Sab.
11, 24‑2527
Te
compadeces de todos, porque todo lo puedes, Señor; cierras los Ojos a los
pecados de los hombres, para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no
odias nada de lo que has hecho; a todos perdonas, porque son tuyos, Señor amigo
de la vida.
ORACIÓN
COLECTA
Liturgia de la Palabra
El llamamiento que hace el profeta Joel al pueblo de Dios para una celebración comunitaria de penitencia y su alusión a la conversión íntima nos dispondrán a escuchar la invitación de San Pablo, que nos pide "por Cristo, que nos dejemos reconciliar con Dios», pues «ahora es el día de la salvación». Al ver seguidamente en Jesús con qué espíritu se debe hacer la limosna, la oración y el ayuno, descubriremos que no es la Iglesia quien ha elaborado las diversas modalidades de penitencia, sino que las ha recibido de su Señor.
Dice el Señor todopoderoso: Convertíos a mi de todo corazón:
con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad los corazones no las vestiduras: Convertíos al
Señor Dios vuestro; porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en
piedad, y se arrepiente de las amenazas. Quizá se convierta y se arrepienta y nos deje
todavía la bendición, la ofrenda, la libación del Señor nuestro Dios. Tocad la
trompeta en Sión, proclamad el ayuno, convocad la reunión; congregad al pueblo,
santificad la asamblea, reunid a los ancianos, congregad a muchachos y niños de pecho.
Salga el esposo de la alcoba; la esposa del tálamo. Entre el atrio y el altar lloren los
sacerdotes, ministros del Señor, diciendo: «Perdona, Señor, perdona a tu pueblo, no
entregues tu heredad al oprobio; no la dominen los gentiles, no se diga entre las
naciones: «¿Dónde está su Dios?» Que el Señor sienta celo por su tierra y perdone a
su pueblo.
Salmo responsorial 50
R/ Misericordia, Señor: hemos pecado.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa.
Lava del todo mi delito, limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti sólo pequé.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará su alabanza.
Lectura de la 2ª carta del apóstol S. Pablo a los Corintios 5,20-6,2
Hermanos: Somos embajadores de Cristo, siendo Dios el que por
medio nuestro os exhorta; os lo pedimos por Cristo: dejaos reconciliar con Dios. El cual,
por nosotros hizo pecado al que no conocía el pecado, para que por él llegáramos a ser
justicia de Dios. Os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Porque él
dice: «En el tiempo de la gracia te escucho ¡ en el día de la salvación te ayudo»
Pues mirad: Ahora es el tiempo de la gracia; ahora es el día de la salvación.
Lectura del santo Evangelio según S. Mateo 6, 1-6. 16-18
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no
practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos, de lo
contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.
Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante como hacen los
hipócritas en las sinagogas y por las calles con el fin de ser honrados por los hombres;
os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa
tu mano izquierda lo que hace tu derecha ¡ así tu limosna quedará en secreto, y tu
Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.
Cuando recéis no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las
sinagogas y en las esquinas para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su
paga. Cuando tú vayas a rezar entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que
esta en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.
Cuando ayunéis no andéis cabizbajos, como los farsantes que desfiguran su cara para
hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio,
cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la
gente, sino tu Padre que esta en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te
recompensará.»
BENDICIÓN
E IMPOSICIÓN DE LA CENIZA
Después
de la homilía, el sacerdote dice:
Con actitud humilde oremos, hermanos, a Dios nuestro Padre, para que se digne bendecir con su gracia estas cenizas que vamos a imponer en nuestras cabezas en señal de penitencia.
Y
después de un breve silencio oracional, prosigue:
Oh
Díos que te inclinas ante el que se humilla y encuentras agrado en quien expía
sus pecados; escucha benignamente nuestras súplicas y derrama la gracia de tu
bendición sobre estos siervos tuyos que van a recibir la ceniza, para que,
fieles a las prácticas cuaresmales, puedan llegar, con el corazón limpio, a la
celebración del misterio pascual de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de
los siglos. ». Amén.
o
bien:
Oh
Dios, que no quieres la muerte del pecador, sino su arrepentimiento; escucha con
bondad nuestras súplicas y dígnate bendecir esta ceniza que vamos a imponer
sobre nuestra cabeza; y porque sabemos que somos polvo y al polvo hemos de
volver, concédenos, por medio de las prácticas cuaresmales, el perdón de los
pecados; as' podremos alcanzar, a imagen de tu Hijo resucitado, la vida nueva de
tu reino. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
Y en silencio asperja con agua bendita las cenizas. Seguidamente, el sacerdote impone la ceniza a todos los presentes que se acercan hasta él; a cada uno le dice:
Convertíos
y creed el Evangelio
Mc. 1, 15
o bien:
Acuérdate
de que eres polvo y al polvo volverás.
Gen. 3, 19
Mientras
tanto se canta.
ANTÍFONA
Jl. 2, 12‑13
Cambiemos
nuestro vestido por la ceniza y el cilicio ayunemos y oremos delante del Señor,
porque nuestro Dios es compasivo y misericordioso para perdonar nuestros
pecados.
Oración
de los Fieles
Imploremos, hermanos y
hermanas, a quien tiene pleno poder en el cielo y en la tierra, y pidámosle que
escuche benignamente las súplicas de su pueblo penitente: (Respondemos a cada
petición:
Señor, ten piedad).
Para que el Espíritu Santo, con su fuerza, rasgue los corazones de los
pecadores, de manera que, convirtiéndose de sus culpas, busquen sinceramente el
rostro del Señor, roguemos al Señor.
Para que Dios ilumine a nuestros hermanos que viven en la indiferencia, les
infunda el deseo de buscarlo y les dé la fuerza necesaria para convertirse,
roguemos al Señor.
Para que el Señor, que tan generosamente nos concede empezar hoy la Cuaresma,
nos dé también en estos días de gracia el don de convertirnos a él y
afirmarnos en la fidelidad cristiana, roguemos al Señor.
Escucha, Señor,
nuestras oraciones y extiende tu mano misericordiosa sobre el pueblo penitente,
para que estos días de Cuaresma te busquemos con todo corazón y veamos
atendidas nuestras plegarias. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
ORACIÓN
SOBRE LAS OFRENDAS
Al
ofrecerte este sacrificio que inaugura la Cuaresma, te pedirnos, Señor, que
nuestras obras de caridad y nuestras penitencias nos ayuden al dominio de
nosotros m1s1nos, Para que, limpios de pecado, merezcamos celebrar
piadosamente los misterios de la pasión de tu Hijo. Que vive y reina.
PREFACIO
Los frutos del ayuno
En
verdad es Justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y
eterno.
Porque con el ayuno corporal refrenas nuestras pasiones,
elevas nuestro espíritu,
nos das fuerza y recompensa, por Cristo nuestro Señor.
Por eso, con los ángeles y arcángeles, y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
ANTÍFONA
DE COMUNIÓN
Sal, 1, 2-3
Dichoso
el hombre que medita en la ley del Señor día y noche, da fruto en su corazón.
ORACIÓN
DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor,
estos sacramentos que hemos recibido hagan nuestros ayunos agradables a tus
Ojos Y obren corno remedio saludable de todos nuestros males. Por Jesucristo.
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