TRIGÉSIMO PRIMER DOMINGO

Con la narración del episodio de Zaqueo, el evangelio nos quiere recordar, una vez más, el amor de predilección de Jesús respecto a los pecadores. El Antiguo Testamento había ya vivido la experiencia de Dios que «cierra los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan". como leemos en la primera lectura. Aquellos a quienes despreciamos a veces, se encuentran con frecuencia mejor dispuestos que nosotros para acoger a Cristo. San Pablo insiste en que nos atengamos a lo que la fe nos enseña respecto al fin de los tiempos, sin prestar oídos a las profecías o pseudorrevelaciones que se propalan.

A. Penitencial

Porque Jesucristo nos ha revelado el verdadero rostro del Padre, un Padre que ama, que perdona y olvida eternamente los pecados de sus hijos, podemos abrirle nuestro corazón y reconocer ante él nuestras culpas (Silencio).

Tú, que nos das tu Espíritu para renovar nuestra naturaleza caída: Señor, ten piedad.
Tú, que sostienes a los que van a caer: Cristo, ten piedad.
Tú que cierras los ojos a nuestros pecados: Señor, ten piedad

Dios Padre compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad, tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

Lectura del Libro de La Sabiduría 11, 23-12, 2

Señor, el mundo entero es ante ti como un grano de arena en la balanza, como gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra. Te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado. Y ¿cómo subsistirían las cosas si tú no lo hubieses querido? ¿Cómo conservarían su existencia, si tú no las hubieses llamado? Pero a todos perdonas, porque son tuyos. Señor, amigo de la vida. En todas las cosas está tu soplo incorruptible. Por eso corriges poco a poco a los que caen; a los que pecan les recuerdas su pecado, para que se conviertan y crean en ti, Señor.

SALMO RESPONSORIAL 144

R/ Te ensalzaré, Dios mío, mi Rey.

Te ensalzaré, Dios mío, mi Rey,
bendeciré tu nombre
por siempre jamás.

Día tras día te bendeciré,
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad,
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas.

Te ensalzaré, Dios mío, mi Rey.
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.

Lectura de la 2ª Carta del Apóstol S. Pablo a los Tesalonicenses 1, 11-2, 2

Hermanos: Siempre rezamos por vosotros, para que nuestro Dios os considere dignos de vuestra vocación; para que con su fuerza os permita cumplir buenos deseos y la tarea de la fe; y para que así Jesús nuestro Señor sea vuestra gloria y vosotros seáis la gloria de el, según la gracia de Dios y del Señor Jesucristo.
Os rogamos a propósito de la última venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestro encuentro con el, que no perdáis fácilmente la cabeza ni os alarméis por supuestas revelaciones, dichos o cartas nuestras: como Si afirmásemos que el día del Señor está encima.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 19, 1-10

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publícanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.» El bajó en seguida, y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador." Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: «Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más". Jesús le contestó: «Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido."


Prefacio

La salvación por Cristo

El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Pues por amor creaste al hombre, y, aunque condenado justamente, lo redimiste por tu misericordia, por Cristo Señor nuestro.
Por él,
los ángeles y arcángeles y todos los coros celestiales celebran tu gloria, unidos en común alegría.
Permítenos asociarnos a sus voces, cantando
humildemente tu alabanza:

Santo, Santo, Santo …