DOMINGO 2º DE PASCUA 

Aun cuando el relato de la aparición de Jesús a Santo Tomás constituye la lectura propia de la octava de Pascua hay que hacer notar el alcance de la primera aparición del Señor a sus Apóstoles la tarde de su resurrección: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Es la consagración misionera de la Iglesia. Pero ésta no cumple con su misión sino cuando sus hijos permanecen unidos junto con los Apóstoles y, en especial, junto a Pedro, y cuando, a lo largo de su caminar, mantiene los ojos fijos en el que vive por los siglos. La fe en Jesús resucitado hace que la multitud de creyentes "piensen y sientan lo mismo". Por esa fe  consigue el cristiano la victoria sobre todas las fuerza de desintegración y de repulsa, a las que san Juan denomina "el mundo".



Antífona de Entrada

Como niños recién nacidos apeteced la leche espiritual, no adulterada, para que con ella crezcáis hacia la salvación. Aleluya.

Se dice «Gloria».

Oración Colecta

Oremos: Dios de misericordia infinita, que reanimas la fe de tu pueblo con la celebración anual de las fiestas pascuales; acrecienta en nosotros los dones de tu gracia, para que comprendamos mejor que el bautismo nos ha purificado, que el Espíritu nos ha hecho renacer y que la sangre nos ha redimido. Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.

Primera lectura

Tenían un solo corazón y una sola alma

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 4, 32-35

En el grupo de los creyentes, todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenían. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor. Todos eran muy bien vistos. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían terrenos o casas, las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles, luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial (Sal 117, 2-4. 22-24. 25-27ª)

R. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
0 bien: Aleluya.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

La diestra del señor es poderosa,
la diestra del señor es excelsa.
No he de morir, viviré
para contar las
hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día en que actuó el Señor;
sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Segunda Lectura

Todo el que ha nacido de Dios vence al mundo

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 5, 1-6

Queridos hermanos: Todo el que cree que Jesús es el Cristo, ha nacido de Dios; y todo aquel que ama al que ha dado el ser, ama también al que ha nacido de él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y esta es la victoria que vence  al mundo: nuestra fe; porque, ¿quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?.
Este es el que vino con agua y con sangre: Jesucristo. No sólo con agua, sino con agua y con sangre; y el Espíritu es quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Porque me has visto, Tomás, has creído,
dice el Señor.
Dichosos los que creen sin haber visto.
Aleluya.

Evangelio

A los ocho días, llegó Jesús

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
- «Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
- «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. » Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
- «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados! quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos. » Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
- «Hemos visto al Señor.»
Pero él les contestó:
- «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo. »
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
- «Paz a vosotros.»
Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» Contestó Tomás: - «¡ Señor Mío y Dios Mío!» Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo tengáis vida en su nombre.


Se dice «Credo».

Oración de los Fieles

Llenos de gozo por la santa resurrección del Señor, purificados nuestros sentimientos y renovado nuestro espíritu, supliquemos con insistencia al Señor, diciendo: Rey vencedor, escúchanos.

A Cristo, que, con su gloriosa resurrección, ha vencido la muerte y ha destruido el pecado, pidámosle que todos los cristianos sean siempre fieles a las promesas del bautismo que renovaron en la noche santa de Pascua, roguemos al Señor.

A Cristo, que, con su santa resurrección, ha otorgado el perdón y la paz a los pecadores, supliquémosle que quienes han regresado al camino de la vida conserven íntegramente los dones que la misericordia del Padre les ha restituido, roguemos al Señor.

A Cristo, que con su gloriosa resurrección, ha dado al mundo la vida verdadera y ha renovado toda la creación, pidámosle por los que, por no creer en su triunfo, viven sin esperanza, roguemos al Señor.

A Cristo, que, con su santa resurrección, ha colmado de alegría a los pueblos, los ha enriquecido con sus dones y ha hecho vibrar de gozo nuestros corazones, pidámosle que renueve la esperanza de los que sufren y lloran, roguemos al Señor.


A Cristo, que, con su gloriosa resurrección, anunció la alegría a las mujeres, y por medio de las mujeres a los apóstoles, y por medio de los apóstoles al mundo entero, pidámosle por los que nos hemos reunido para celebrar su triunfo, roguemos al Señor.

Dios nuestro, que en la Pascua de cada domingo nos hacer revivir las maravillas de la salvación, escucha la oración de tu pueblo y haz que siempre sepamos reconocer a Cristo presente en la asamblea de los hermanos y que, juntamente con ellos, demos testimonio de la resurrección inaugurada por Cristo, tu Hijo. El, que vive y reina, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos.
Amén.

Oración sobre las ofrendas

Recibe, Señor, las ofrendas que te presentamos; tú que nos llamaste a la fe y nos has hecho renacer por el bautismo, guíanos a la felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Prefacio
El misterio pascual

El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.


En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
glorificarte siempre, Señor;
pero más que nunca en este tiempo
en que Cristo, nuestra Pascua,
ha sido inmolado.
Porque él es el verdadero Cordero
que quitó el pecado del mundo;
muriendo destruyó nuestra muerte,
y resucitando restauró la vida.
Por eso, con esta efusión de gozo pascual,
el mundo entero se desborda de alegría,
y también los coros celestiales,
los ángeles y los arcángeles,
cantan sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo…


Antífona de la Comunión

Trae tu mano y toca la señal de los clavos; y no seas incrédulo, sino creyente.

Oración después de la Comunión

Oremos:
Concédenos, Dios todopoderoso, que la virtud recibida en los sacramentos pascuales persevere siempre en nosotros. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
 

 MISIÓN

Jesús, el crucificado, ha resucitado. Éste es el testimonio de la fe que hemos recibido. El testimonio hace referencia a una experiencia que es captada por los sentidos; son los signos de la nueva realidad que comienza a vivir la comunidad. Volver a empezar a vivir como discípulos de Jesús resucitado, después de haber experimentado el reencuentro con él, manifestado en la gracia del perdón y de la comunión, los orienta a su verdadera vocación y misión: ser comunicadores de esa experiencia, y hacer que otros la experimenten también. Lo que hemos visto y oído os lo anunciamos para que también vosotros estéis en comunión con nosotros, como nosotros lo estamos con él. La paz con la que les saluda Jesús impregna toda esa experiencia de perdón, de acogida, de comunión.