Hermano de santa Walburga (a la
que conocimos el 25 de febrero) y del obispo san Wilebaldo, su casi homónimo, así como
pariente del gran misionero san Bonifacio, es uno más de este formidable grupo de
anglosajones que en la primera mitad del siglo Vlll sienten que las islas les quedan
estrechas y van a evangelizar el continente.
El corazón del continente, esa Germania semibárbara donde introducen el Evangelio y la
cultura; no había transcurrido mucho tiempo desde que fueron ellos los cristianizados y
civilizados, cien años antes Roma mandó a san Agustín de Canterbory a Inglaterra, y
ahora eran los anglosajones los que misionaban al otro lado del canal de la Mancha.
San Winebaldo, hijo de un príncipe de Wessex, fue en peregrinación a Roma, allí se hizo
monje, en el 728 se trasladó a la Germania con san Bonifacio, predicó el cristianismo en
la Turingia, y más tarde le encontramos como abad de Heidenheim, la fundación de su
hermana (Walburga iba a ser abadesa de la comunidad femenina), a la que convirtió en un
importante centro para la formación del clero.
De él no se sabe mucho más, es uno de esos hombres que en los siglos oscuros reúnen en
un solo afán la cultura y la fe, que tienen el corazón en Roma (es curioso que los
santos ingleses hayan sido siempre tan fervorosamente romanos, como temiendo la tentación
de un peligroso particularismo) y la actividad en todas partes, sin más patria que el
mensaje al que entregan su vida.
Otros Santos: La Expectación del Parto, Ntra. Sra. de la 0; Rufo, Zósimo, Teótimo, Basiliano, Cuarto, Moisetes, Quinto, Simplicio, Victurio, Víctor, Victorino, Adyutor, mártires; Gaciano, Floro, Auxencio, obispos.
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