10 DE ABRIL

SAN MACARIO, obispo + 1012

macarion.jpg (10583 bytes)Dice el  Martirologio Romano,  "En Antioquía  San Macario, célebre por sus milagros y virtudes".
Nació en Armenia a mediados del siglo X de padres bien acomodados y buenos cristianos. Llevaban varios años sin tener descendencia a pesar de que con tanta insistencia se lo pedían al Señor cuando vino a alegrar aquel hogar este niño con quien tanto la gracia como la naturaleza fueron muy pródigas. Dicen sus biógrafos que era bondadoso, inteligente, agradecido, sencillo y humilde, trabajador y hombre de una profundísima fe. Para dar un significado a aquel hijo, durante tanto tiempo esperado, sus padres al bautizarle le pusieron por nombre Macario que en griego significa " bienvenido " .
Pronto aquellos buenos padres empezaron la gran obra de su educación en las virtudes humanas y espirituales. Ellos conocían muy bien que la educación de los hijos es la misión más sagrada de los padres y que ésta debe empezar antes ya de que tengan uso de razón...
Buena palestra la que encontró en los suyos el niño Macario. Cuando ya fue mayorcito fue enviado al lado del arzobispo de Antioquía que era su tío. A su vera fueron perfeccionándose aquellos tesoros que ya heredó y cultivaron sus padres. Llamaba la atención de cuantos le contemplaban por sus cualidades que raramente se dan cita tantas y de modo tan extraordinario en una sola persona.
Todos vieron tan natural que un día dijera a los suyos que el Señor le llamaba al sacerdocio y que no quería defraudarle. Tanto sus padres como su tío y demás familiares vieron la mano de Dios en aquella vocación... Trató en el seminario de crecer de día en día en sabiduría y santidad... El arzobispo de Antioquía se sentía viejo y achacoso... Debía ir pensando en un sucesor suyo. Y así fue. Cierto día llamó a los feligreses y les dijo con lágrimas en los ojos "que estaba para partir de este mundo, pero que les recomendaba a su sucesor, que era"... Cuando sus palabras llegaron aquí un gran griterío se levantó entre la muchedumbre que repetía el nombre de Macario, a pesar de su corta edad. Hasta tal punto fueron los gritos que no se llegaron a oír las palabras del ya casi moribundo arzobispo... El deseo del arzobispo era claro. El del pueblo también, pero no así el del candidato que puso cuantas dificultades pudo para evitar esta dignidad y seria responsabilidad... Al fin tuvo que aceptar.
Una vez sentado en aquella ilustre silla arzobispal, se entregó de lleno al cuidado de las almas y de los cuerpos de todos sus feligreses. Era un verdadero padre para todos. A todas partes llegaba su acción caritativa y apostólica. Era, según el lema de muchos santos "suave con los demás y duro consigo mismo". Llevaba una vida muy mortificada y entregada a la oración y servicio de caridad olvidándose de sí mismo. Sobre todo era débil con los leprosos que abundaban en su tiempo y eran sus preferidos. El Señor le dio el poder de obrar milagros que lo hacía en abundancia, pero la mayor parte fueron para devolver la salud a los afectados por esta terrible enfermedad.
Lleno de humildad y con ardientes deseos de una mayor entrega al Señor, renunció al arzobispado y a cuanto tenía y se convirtió en celoso misionero ambulante. Recorrió muchas naciones y países, derramando el Señor gracias por su medio. Los milagros, sobre todo de curaciones portentosas, le seguían por todas partes. Donde sabía que había una necesidad, allí se dirigía Macario para tratar de ayudarla; consolar al triste, dar comida al hambriento, curar al enfermo... era su delicia y su única misión. Atendía a los apestados, defendía a los maltratados, se ofrecía por ellos... Por fin encontró al Señor en Gante el 10 DE ABRIL de 1012

EZEQUIEL A. Testamento

ezequie2x.jpg (17149 bytes)«Se apoyó en mí la mano del Señor», dice el profeta como si todo el universo pesara terriblemente sobre sus hombros, y Ezequiel, un sacerdote que está en el exilio de Babilonia, se ve empujado a pronunciar las palabras de ira y esperanza que Dios pone en sus labios. No ha de importarle «que te escuchen o que no te escuchen», de vez en cuando incluso se le condena al mutismo, y luego se vuelve a oír su voz áspera que habla del misterio.
El pueblo elegido se extravía con «ídolos y abominaciones», y en la calamidad, cuando Nabucodonosor destruye Jerusalén y el Templo, hay un coro de protestas porque nadie se siente culpable, como quien ha heredado un mal con el que no tiene nada que ver. O sustituye a Dios por hechuras humanas o le acusa de injusto, y entonces Ezequiel es la imagen viva de la cólera.
Cuando ya no quede piedra sobre piedra, no antes, el Señor hará que de las ruinas surja una ciudad aún más hermosa y resplandeciente; cuando Israel esté deshecho y triturado, «la nueva alianza de paz, la eterna alianza» que anuncia el profeta traerá la salvación, porque el desastre era una prueba paradójica de exigencia y de amor.
Nada se pierde para la fidelidad, más allá de la mayor de las devastaciones «se reedifica lo destruido» para la gloria. Y Ezequiel ve ante sí un valle sembrado de huesos resecos que vuelven a unirse tomando forma humana y recubriéndose de carne para revivir: «Se pusieron en pie y eran una muchedumbre inmensa». Al final Dios recompone a sus hijos, los levanta del polvo y los resucita de la muerte.

SAN DIMAS S. I

dimasx.jpg (5891 bytes)Es el nombre que los evangelios apócrifos dan al Buen Ladrón, crucificado a la derecha de Jesús en el Gólgota; antes de morir, y en la agonía Cristo no deja de asediar los corazones hasta el último instante, y convierte a un moribundo de buena voluntad que tiene muy cerca (poco después se convertirá Longinos, el de la lanzada).
De las tres cruces del Calvario, sólo una fructificó desde el primer momento, otra al final, y la tercera terminó tan estéril como había comenzado. Hay que aprovechar nuestra cruz y nuestra vida desde el primer momento, o al menos desde este, imitando al Buen Ladrón.
El Buen Ladrón, ante las injurias de los judíos y de su compañero de maldad y de suplicio, ha dado la cara por Cristo y le ha confesado con valentía:  ¿Tampoco tú temes a Dios estando en el mismo suplicio? Y en verdad nosotros estamos en él con toda justicia, pues recibimos el castigo digno a nuestras faltas; pero éste ningún mal ha hecho".
El Buen Ladrón ha aprendido a predicar en el púlpito de la Cruz un gran sermón de Viernes Santo. Y es el primero en clamar contra la sentencia más inicua de la historia. El sufrimiento y la muerte le han llevado a Dios:«Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Una oración muy sencilla y muy pura, que no pide nada terreno A diferencia de su compañero, el llamado Gestas, no pide que se le salve de la cruz - ni invoca ningún merecimiento personal, como acostumbran a hacer nuestras plegarias.
San Dimas, el bandolero ajusticiado, que inspiraría horror o tal vez compasión a cualquier cristiano honorable, resulta que sabe rezar mejor que nosotros, y Jesús antes de morir le promete lo que no prometió tan explícita mente a nadie más, la gloria eterna. Por saber pedir, cuando todo estaba perdido, con infinita humildad y con esperanza.
Y la absolución de Cristo, cae espléndida como siempre sobre la confesión valiente: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso".
Tal había sido la contrición de aquel hombre de tanta historia negra anterior, que no necesita nueva purificación en la otra vida; y Cristo le concede aquel mismo día la felicidad eterna .

SAN MIGUEL DE LOS SANTOS 1591-1625

miguellossantos1.jpg (10229 bytes)Vic, que fue tradicionalmente la más levítica de las ciudades catalanas, "la ciudad de los santos" como se la llamó, fue cuna de Miguel Argemir, hijo de un notario, educado en un ambiente de gran piedad.
Deja en Valladolid un nombre heroico de caridad, paciencia y austeridades penitenciales.
Miguel de los Santos Argemir y Mitjana había nacido en Vich, el 29 de septiembre de 1591.
Centellas, el solar de su familia, había sido dejado por su padre para ejercer mejor su oficio de escribano.

Su primera vocación es la de eremita solitario en el Montseny, pero aquello no puede ser, es aún un chiquillo, los conventos de Vic también le rechazan, hay que esperar a que crezca y madure, pero él no quiere esperar, sabe muy bien adonde va, y a los doce años consigue que le admitan en los trinitarios calzados de Barcelona.
No le gusta la orden por demasiado blanda, pero será el 28 de enero de 1608, cuando reciba en el Convento de Pamplona el hábito de la Orden de Descalzos de la Santísima Trinidad, Redención de Cautivos. hace profesión en los trinitarios descalzos de Oteiza, en Navarra. Luego estudiará en Alcalá de Henares, Baeza y Salamanca, y  se forma en la espiritualidad trinitaria en Barcelona y Zaragoza.
Madrid, la Solana, Sevilla, Baeza y, sobre todo, Valladolid, donde será Superior, admiran su vida santa; y su muerte con treinta y tres años el 10 de Abri
l de 1625, después de haber padecido calumnias y diez meses de cárcel; y después de haber predicado, en las fiestas Pascuales, la alegría de la resurrección con Cristo.
Fue canonizado en 1862 y es patrono de su ciudad natal  Vic, donde se celebra su fiesta el 5 de julio. En Valladolid su fiesta se celebra el 10 de abril

Otros santos: Santa Faz de nuestro Señor Jesucristo; Apolonio, presbítero; Pompeyo, Terencio y Africano, mártires; Macario, Paladio y Fulberto, obispos; Antonio, mártir; Beda y Paterno, monjes; Beatos Arcángel, Marcos y Magdalena; Beato Antonio Neyrot, mártir.