21 DE AGOSTO
SAN PIO X 1835-1914
La vida
de San Pío X parece tomada de la Leyenda áurea. Desde el pueblecillo de Riese, junto a
los Alpes que se veían desde la ventana de su casa natal, hasta el obispado de Mantua
(1884), el palacio patriarcal de Venecia (1893) y el Vaticano (1903), da la impresión de
que José Sarto hubiera seguido siempre un camino sin asperezas, como aquel que, siendo
escolar hacía al dirigirse a Castelfranco, con sus zapatos colgados a la espalda. Y, sin
embargo, esta vida estuvo gravada con una cruz cada vez más pesada: la de los cargos
eclesiásticos y los honores que ellos suponían. José Sarto era a la vez humilde y
fuerte. Humilde de corazón, hubiera preferido seguir toda su vida como párroco de
Salzano o como director espiritual del seminario de Treviso; mas, fuerte con la fortaleza
de Dios, aceptó el episcopado y más tarde la Cátedra de Pedro «como una cruz», según
sus propios términos. Semejante aceptación constituye el acto de amor más elevado
llevado a cabo por Pío X en el camino de la santidad. De la cruz que dejó que se
adentrara en su vida procederá el vigor con que defenderá el depósito revelado y la
independencia de la Iglesia, el fervor en su trabajo por «instaurar todas las cosas en
Cristo» y por hacer que el pueblo participara en la liturgia, «fuente primera e
indispensable del auténtico espíritu cristiano», cantando y participando con frecuencia
del cuerpo de Cristo, y la dulzura para con los humildes que caracterizará su actuación
pastoral.
De origen humilde, su padre Juan bautista, sencillo
alguacil de Riese (Treviso, Italia) y Margarita Sansón, ama de casa. El Señor bendijo
aquel hogar con diez hijos, de los cuales ocho llegaron a ser mayores. A nuestro
protagonista se le impuso en el bautismo el nombre de José. Llamó la atención desde
niño por su inteligencia, bondad y amor a todo lo que se refería a cosas del Señor.
Quedó huérfano de padre muy niño. La mamá Margarita suplirá muy bien aquella carencia
y sabrá plasmar en el corazón de Beppi toda la gama de virtudes cristianas que el día
de mañana darán su fruto bien sazonado. Al ser canonizado en 1954, el Papa Pío XII
decía de él: "Pío Papa X, pobre y rico, suave y humilde, de corazón fuerte,
luchador por los derechos de la Iglesia, esforzado en el empeño de restaurar en Cristo
todas las cosas". Buen resumen de su preciosa y larga vida.
D. Tito Fusarini era el párroco de Riese. Pronto caló
en el alma grande del pequeño Beppi como todos le llamaban cariñosamente. Viendo que
ésta era su vocación le envió al Seminario y ayudó a pagar su carrera sacerdotal. En
el archivo del seminario de Padua se conservan las notas de aquellos años y dicen de él:
"Discípulo irreprochable. Inteligencia superior. Memoria excelente. Ofrece toda
esperanza". No se equivocaron. Era todo un presagio...
Subió todos los escalones hasta llegar al sacerdocio. Este don le llegó el 18 de
septiembre de 1858.
La Divina Providencia guió los pasos de D. Beppi de un modo maravilloso. Estaban marcados
de nueve en nueve sus destinos: como coadjutor, como arcipreste, como canónigo, como
obispo, como cardenal... Cuando llegaba el noveno aniversario ya sabía él que debía...
cambiar de cargo. Siempre ascenso. Sólo como Papa fue dos años más.
Al morir el Papa León XIII en el aula de Consistorio alguien votó al Cardenal Sarto de
Venecia. Y él: "Estos Padres me toman el pelo". Un cardenal francés le
pregunta si sabe o no su idioma. Al contestarle que no, le dice: "Pues no es
papable". Y Sarto: "Demos gracias a Dios". Pero a la séptima votación fue
elegido. Se resistía, mas al ver que era la voluntad de Dios manifestada por los votos de
los Cardenales, aceptó. Fue un gran Papa: El Papa de la Eucaristía, el Papa de los
niños, el Papa de la Virgen, el Papa de los pobres. Aceptó el Papado "como una
cruz" y de veras que lo fue para él.
Fomentó la lectura de las Escrituras. De hecho, animaba a
la lectura diaria de la Biblia como parte de su lema: «Renovad todas las cosas en
Cristo.» Para promover una lectura más regular de las Escrituras, puso en marcha una
comisión que revisase y corrigiese el texto oficial de la Biblia utilizado por la
Iglesia, además de establecer el Instituto Bíblico de estudio de las Escrituras.
Hacerse al hábito de leer obras espirituales elevadoras como la Biblia, requiere
preparación, disciplina y regularidad. En primer lugar, hemos de preparar nuestras mentes
y nuestros corazones. En segundo lugar, hemos de ser disciplinados. Lo más fácil es que
pasemos de todo tipo de ejercicios, y la lectura espiritual es decididamente un ejercicio
mental.
Poco antes de morir estalló la primera guerra mundial,
a pesar de que trabajó cuanto pudo para evitarla.
Nací pobre y quiero morir pobre". Era el 20 de
agosto de 1914 cuando volaba al cielo, llorado por toda la cristiandad
OTROS SANTOS: Ciselo,
Ciriaca, Anastasio, Luxorio, Bonoso, Ciriaco,
Camerino, Bonono, Maximiano, Basa, Paterno, Teogonio, Agapito, Fidel, mártires; Privado,
obispo; Balduino, Tolomeo, abades; Eupropio, Cuadrato, Sidonio, obispos;
