El papa San Fabián gobernó la Iglesia romana durante catorce años (236-250),
que fueron años de paz, organización y expansión misional. Fabián - que era un seglar
al ser elegido para obispo - gobernó tal empresa con celo y sabiduría. Según testimonio
de Gregorio de Tours, envió a la Galia siete obispos, entre los cuales se hallan
Saturnino de Toulouse y Dionisio de París. La Iglesia de Cartago tenía por entonces como
obispo a Cipriano, y el sacerdote Orígenes desempeñaba su magisterio en Cesarea. La
persecución de Decio vino a interrumpir el «servicio» de Fabián, que fue una de sus
primeras víctimas el 20 de enero del año 250.
Desde San Sebastián hasta los santos Nereo y Aquileo, gran cantidad de soldados
cristianos fueron entregados a la muerte durante la persecución de Diocleciano. Comenzó
ésta con una depuración del ejército (300). Sebastián, milanés de origen, se hallaba
en Roma en el momento en que hubo de elegir entre el servicio al emperador o a Cristo. Se
puede calibrar la trascendencia de tal opción al ser encasillada dentro de una vida cuyo
resorte era la obediencia. Para un soldado, el desobedecer supone siempre un drama. Pero
hay ocasiones en las que, según la intrépida aseveración de San Pedro, «hay que
obedecer antes a Dios que a los hombres» (Hech 5, 29). Tal fue el caso de Sebastián. La
comunidad romana le dio sepultura con honor junto al lugar en que se conserva el recuerdo
de los Apóstoles Pedro y Pablo, en la Catacumba de la Vía Apia.
La silueta cristiana de San Sebastián se hará
popular, especialmente a través del mundo del arte con sus flechas y torso militar.
Y fue San Ambrosio su gran panegirista: "Aprovechemos el
ejemplo del mártir San Sebastián, cuya fiesta celebramos hoy. Era oriundo de Milán y
marchó a Roma en tiempo en que la fe sufría allí una terrible persecución. Allí
padeció; mejor dicho, allí fue coronado", bajo los emperadores Diocleciano y
Maximino Hercúleo.