10 DE FEBRERO
SANTA ESCOLÁSTICA 480-543
Sólo un capítulo de los Diálogos de
San Gregorio Magno ha salvado del olvido el nombre de Escolástica, su narración
referente a la postrera entrevista de San Benito y su hermana al pie de Montecasino
resulta tan emotiva que le ha valido un lugar de predilección entre las vírgenes
consagradas.
Al pie del Apenino Central, en la
ciudad de Nursia - Italia - a finales del siglo V, nacía esta hermana gemela de San
Benito, Padre del monacato Occidental. Parece ser que sus padres se llamaron Eutropio y
Abundancia y que pertenecían a las familias más distinguidas de aquellas montañas.
Sabemos pocas cosas de su infancia. No hay duda de que caminaría al unísono con la
de su hermano gemelo Benito, unidos ya antes de nacer y hermanos gemelos también en su
alma...
Nos podemos preguntar: ¿Quién de los dos influyó más en el otro? Parece ser
que Escolástica, imitando a su hermano que ya había dado vida y forma a los
benedictinos, fundó el primer monasterio femenino para benedictinas.
Inspirado por Dios, Benito, y ayudado por su hermana, fundó el primer convento de
religiosas benedictinas pero un poco distante del de los religiosos. A pesar de estar tan
cercanos habían puesto un muro de separación y tan sólo se veían una vez al
año antes de la Cuaresma , y aun separados de ambos Monasterios,
en una casita que había entre ambos. Cuenta San Gregorio esta admirable entrevista:
Era por el año 543. Escolástica prevé que va a ser esta la última entrevista que
va a tener con su hermano, con el que compartió su vida desde la niñez. Pasan todo el
día hablando de cosas espirituales. Al atardecer ya, se levanta su hermano y le dice:
-"Adiós, hermana. Hasta el año que viene".
-Hermano mío - le suplica Escolástica - no te marches. Pasemos toda la noche
hablando de cosas de Dios...-¿Qué dices, Escolástica? ¿Ignoras que no puedo pasar la
noche fuera de la clausura del Monasterio?
Escolástica no responde. Baja la cabeza, la coloca entre sus manos y ora
fervorosamente al Señor. En un santiamén se encapota el cielo y se oyen truenos y cae
una copiosa lluvia como nunca se había visto en aquellos parajes.
"¿No te vas? - ¿Qué has hecho, hermana mía? - Te lo pedí con insistencia y
no me escuchaste. Se lo pedí a Dios y me ha escuchado enseguida. Hermano mío, Dios ha
preferido el amor a la Regla. . . " Y pasaron toda la noche en pláticas
espirituales...
San Gregorio nos ha contado la famosa anécdota de la última vez que se
vieron ambos hermanos, episodio tan conmovedor como el diálogo nocturno entre san
Agustín y su madre bajo la noche de Ostia, y que, realidad o leyenda, constituye una
viñeta inolvidable de lo que podríamos llamar las florecillas benedictinas.
Tres días después muere ella, y desde su celda Benito ve subir el alma de Escolástica
al Cielo en forma de una paloma envuelta en luz.
Ambos fueron enterrados en el mismo
sepulcro «para que la muerte no separe el cuerpo de los que siempre han tenido unidas sus
almas en el Señor».
Fuera de
esta narración, baste con situar a Escolástica dentro de su medio ambiente y siglo (
547), en aquel Latium por el que cruzan y recruzan los ejércitos godos y bizantinos, en
que las ciudades y aldeas son sistemáticamente devastadas a cada cambio de dueño, para
adivinar en ella una santa de unos momentos difíciles, un alma esforzada, capaz de
conservar la lozanía y la serenidad en medio de los peores cataclismos y de «servir al
Señor con un corazón puro y alcanzar así los saludables efectos de su amor» en medio
de las pruebas, pues su esperanza se hallaba puesta por entero más allá de las
apariencias del mundo que pasa.
Benito y Escolástica nos muestran que no es necesario
estar seguro del mañana para edificar el hoy.