Otro mártir,
la doncella de Nicomedia (Asia Menor), cuyas reliquias dieron origen y nombre a la ciudad
santanderina de Santillana del Mar, con un culto muy antiguo tanto en Oriente como en
Occidente, y a la que sólo conocemos por una «pasión» no poco legendaria y muy
tardía.
Como en tantos otros casos, la verdad está enmascarada por un repertorio de clisés
hagiográficos que se repiten hasta la más completa inverosimilitud: cúmulo de
perfecciones, resistencia heroica a las asechanzas del mundo, tormentos sin fin que no
hacen mella en su cuerpo y, tras la manifestación de la evidente ayuda sobrenatural que
la asiste, muerte ejemplar a filo de espada.
Hija de paganos, según se nos cuenta, querían casarla con el rico y poderoso Eleusio, a
quien ella, para ganar tiempo, impuso la condición de que alcanzase el cargo de prefecto;
cuando fue prefecto, le pidió que abrazara el cristianismo, y aquí empieza la historia
martirial.
En ella hay un notable episodio: cuando Juliana está en su mazmorra, se le aparece el
Maligno en figura de ángel del Cielo y le aconseja que acceda a las pretensiones de
Eleusio; la virgen comprende que allí hay engaño, y su oración encadena al Diablo,
quien ahora es visible en toda la monstruosidad de su naturaleza.
Sofer, que así se llama el ministro de Satanás, debidamente interrogado confiesa todos
sus crímenes - él fue el inductor de
Caín y de Judas -, y después de oírle, Juliana, diríase que satisfecha ya su natural
curiosidad femenina, le lleva atado hasta el lugar del suplicio, mientras Sofer se lamenta
del ridículo que hace ante las gentes y del descrédito que significa aquella
humillación para su oficio diabólico. Antes de entregarse al verdugo la santa le echa a
un estercolero, y muere decapitada a los dieciocho años.
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SAN ONÉSIMO S. I
Dejando
sin previo aviso la casa de su amo, se refugia en Roma. Allí conoce a Cristo y es
bautizado por San Pablo.
Y como en Colosas su amo Filemón también había recibido el bautismo, el Apóstol
consigue más que la reconciliación, con una carta de caridad delicada: "Pablo,
embajador y ahora prisionero de Cristo Jesús, te suplico por mi hijo, a quien entre
cadenas engendré, por Onésimo, que te remito; mejor, no a él, sino mis entrañas. Tal
vez se apartó de ti por un momento, para que por siempre le tuvieras, no ya como siervo,
sino como hermano muy amado. Si en algo te ofendió o algo te debe, ponlo a mi cuenta. Yo,
Pablo, de mi puño lo escribo".
Onésimo, nombre que en griego significa "útil, fue considerado así por San Pablo
para su apostolado; y quiso tenerle como su cooperador.
Juntamente con Tíquico, lleva Onésimo la carta de San Pablo a los cristianos colosenses y en ella el apóstol llama a
Onésimo "hermano fiel y querido, que es de vosotros".
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