15 DE JULIO

SAN BUENAVENTURA 1221-1274

Juan Fidenza, de Bagnoregio, cerca de Viterbo, contaba veintidós años cuando, en 1243, recibía el sayal franciscano tomando el nombre de Buenaventura. Desde su adolescencia le había seducido el ideal del Pobre de Asís, cuyo historiador sería un día. Asimismo, se encontraría también un día al frente de la familia de Francisco (1257-1273) esforzándose por conciliar dentro de ella las exigencias de la vida evangélica con la indispensable organización de una Orden extendida por el mundo. No tardó Buenaventura en mostrarse como un espíritu de una hondura poco común. Como estudiante, y más tarde como profesor en la Universidad de París, intentó elaborar una síntesis del saber a la luz de Cristo. Su maestro fue San Agustín. Por consiguiente, dentro a un mismo tiempo de la escuela agustiniana y del espíritu de San Francisco, descubrió el Itinerario de la mente hacia Dios. A aquel que se adentre por esta senda, le aconseja que dé «menos importancia a la lengua que a la alegría interior; que mire menos a las palabras y a los libros que al don de Dios, es decir, al Espíritu Santo».
En 1273, Buenaventura fue nombrado cardenal obispo de Albano y, al año siguiente hubo de intervenir en el Concilio de Lyon, que intentaría reunir a las Iglesias griega y latina. Luego de haber trabajado en favor de esta efímera unión, murió en Lyon (1274). ¿Alguna vez advertiste que la mayoría de la gente rica y famosa tiende a casarse con otra gente rica y famosa? Se postulan un montón de razones, entre ellas que es más fácil para alguien ya famoso soportar las presiones de la vida de celebridad.
A menudo la razón real es sobreseída: la gente tiende a enamorarse de la gente con quien se asocia. Como Mark Twain humorísticamente lo expuso: «La familiaridad se reproduce.» Dado que la gente rica y famosa tiende a apuntarse con otra gente rica y famosa, es natural que sus vidas se entrelacen.
Lo mismo sucede con los santos. No sólo tienden a asociarse unos con otros, sino que también tienden a influenciarse entre sí. San Buenaventura conoció a dos de los más grandes santos del mundo: San Francisco de Asís y Santo Tomás de Aquino. De joven, San Francisco lo curó de una grave enfermedad. Luego, mientras estudiaba en la Universidad de París, se hizo amigo de Tomás de Aquino. Ambos recibieron al mismo tiempo su graduación como doctores en teología. Dado que sabemos que eran amigos, podemos suponer que ambos grandes santos compartirían y hablarían a menudo de su fe. Se hicieron amigos espirituales así como compañeros sociales.
Hablar de la fe con un amigo espiritual puede ser un gran consuelo. Nuestros amigos pueden reforzamos en momentos de prueba y animamos en tiempos de duda. Pueden dar brillantez a nuestras vidas y hacer que resulte más fácil de andar el camino hacia la madurez espiritual

BEATO IGNACIO ACEVEDO Y COMPAÑEROS 1528-1570, MÁRTIRES DE BRASIL

ignacioacevedon.jpg (11602 bytes)Con este nombre son venerados cuarenta mártires, representantes de uno de los mayores esfuerzos misioneros de la Iglesia.
De sólo Portugal y España, y de sólo la Compañía de Jesús, salían el 5 de junio de 1570 de la Barra del Tajo 74 misioneros jesuitas, divididos en varias naves.
El superior de todos ellos y de la Misión del Brasil, Padre Ignacio de Acevedo, navegaba con 39 más en la nave Santiago, no lejos de Tazacorte, su última escala en la isla canaria de la Palma. De pronto se ven asaltados por piratas enemigos de la fe católica; y arrojados al mar a golpes de espada y de lanza.
El Padre Ignacio de Acevedo muere, entre los últimos, animándoles a aquel su triunfo, con una imagen de Nuestra Señora que en Roma le había confiado para el Brasil San Pío V.
Eran 32 portugueses y 8 españoles; destacaban por la juventud de casi todos, en su mayoría estudiantes universitarios y técnicos.
Sólo fue perdonado por los piratas el cocinero, para servirse de él. Pero un sobrino del capitán que había pedido ya su admisión en la Compañía de Jesús, toma la sotana de uno de los mártires y vestido con ella, firma con su sangre la admisión. Era el 15 de julio de 1570.

Santa Teresa de Jesús, que tenía entre los mártires un sobrino suyo, Francisco Pérez Godoy, de Torrijos, comunicó en Ávila ese mismo día haber participado en su oración de la gloria con que el cielo todo había coronado a aquel invicto escuadrón de mártires misioneros.
Uno de los trayectos más populares de los parques de atracciones Disney es el de los Piratas del Caribe. Los bucaneros son presentados como gente jovial, pese a su pillaje e incendio de la ciudad. Los piratas reales, por su parte, eran bandidos que llevaban el terror a todo aquel con el que se encontraban.
Aunque no tengamos por qué detenernos en ello, no podemos pasar por alto el hecho de que el mal real existe en el mundo. Podemos tratar de disfrazarlo y convertirlo en tema de un paseo por el parque, pero bajo la pretensión acecha una realidad más oscura. Igual que necesitamos andar espabilados para movernos la calle, necesitamos estar espabilados espiritualmente. Necesitamos mantener los ojos abiertos de manera que no seamos asaltados de imprevisto por el mal.

El capitán del Santiago trató estúpidamente de ganar a la carrera al barco pirata. Mejor habría sido que hubiese planeado su ruta de manera que no cayese en el sendero de los piratas. Del mismo modo, haremos mucho mejor evitando caer en la trampa del mal que tratando de combatirlo en sus propios términos

SANTA ROSALÍA S. XII

Santa que se distinguió en la vida eremítica, durante el siglo XII, poniéndose como año de su muerte el 1160, y el día según los más antiguos catálogos el 4 de septiembre. Descendiente de Carlomagno, su padre fue Sinibaldo, señor de Quisquina, antiguo monte conocido también por Monte de las Rosas, junto al cual está el pueblo de San Esteban, enclavado todo ello en el ducado de Bivona (Sicilia). Se discute si abrazó primero la vida monástica, pero existen datos de que era venerada en aquellos lugares como ermitaña ya antes de la invención de su cuerpo en 1624 en una cueva del monte Peregrino, junto a Palermo, en ocasión de una epidemia que asolaba a la ciudad. Los habitantes de san Esteban buscaron el sitio donde era tradición había morado la santa en el Monte Quisquina antes de salir para el monte de Palermo, sin dudad estimulada por el deseo de vida más dura y penitente. Encontraron la cueva y, según declaración de los testigos ante la Sagrada Rota, dieron con una escritura esculpida en la roca, que por lo recubierta de moho mostraba bien el haber transcurrido los cinco siglos que mediaron entre la inscripción y descubrimiento de la misma

Otros Santos: Pompilio María Pirroti, presbítero; Eutropio, Jenaro, Florencio, Felipe, Zenón, Marseo, Abudemio, Zósima, Bonosa, Julia, Justa, Catulino y Ansuero, mártires; Félix, obispo; Vladimiro, confesor.