19 DE JULIO
SANTA AUREA S. IX
De padre moro
nobilísimo y de madre cristiana; al morir su padre entró, juntamente con su madre
Artemia en el monasterio de Cuteclara. Los gobernantes árabes no podían soportar que
Aurea Adolfo y Juan, de raza árabe no fueran musulmanes. Pronto Adolfo y Juan padecerían
el martirio.
En su retiro Aurea podía vivir su ideal de una vida consagrada a Cristo. Pero aquel
ocultamiento se vio interrumpido por la llegada de unos familiares musulmanes de Sevilla.
El juez. queriendo salvarla. le presenta la conveniencia de prometer compaginar .su
religión con su raza árabe. Ante aquella buena intención Aurea queda sorprendida y
responde con buenas palabras. Pero ya libre cae en la cuenta de su apostasía: y para
reparar el escándalo. profesa a gritos su fe cristiana.
El juez comunica el caso al califa mismo Mohamed: y éste manda se ejecute la sentencia
capital el l9 de julio del año 856.
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SANTA MACRINA ¿330?-379
Hay un viejo dicho según el cual
detrás de todo gran hombre se halla una buena mujer. Aparentemente esto fue cierto en la
familia de Santa Macrina. La mayor de diez hijos, ayudó a educar a sus hermanos,
incluyendo a San Gregorio de Nisa, Basilio el Grande y San Pedro de Sebastea. Mientras sus
hermanos adquirían fama, Macrina vivía tranquilamente con su madre y otras mujeres en
una hacienda de Ponto. Puede parecer que Macrina se llevó la peor parte, dado que
Gregorio mismo atribuye a su hermana haberle enseñado la humildad y el amor a las
Escrituras, pero como señala Milton:«También sirven quienes sólo están de pie y
aguardan.»
A la mayoría de nosotros no nos gusta quedamos de pie y aguardar. No es divertido quedar
detenido en la parada de autobús de la vida "mientras todos los demás parecen
desplazarse en una larga limusina Y lo que es peor, si tomamos el autobús, nos sentimos a
veces como si tuviéramos que bajamos en la siguiente parada, mientras la gente que va en
el lujoso coche se encamina hacia una gran fiesta.
Si en la vida todo se redujese a esto, Santa Macrina sería tonta de no coger algo de la
fama de sus hermanos (y nosotros seríamos igual de tontos por no secuestrar un gran
automóvil para nuestro propio uso). Pero los santos nos recuerdan que no aguardamos
eternamente; aguardamos la eternidad. Hay una gran diferencia entre ambas cosas. No
estamos simplemente ahí hasta disolvernos en la nada. Incluso cuando parece como si
fuéramos rápidamente hacia ninguna parte, realmente estamos acercándonos un poquito
más a ese momento en que nos unimos a la fiesta celestial que nunca se acaba
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