20 DE MARZO
SAN MARTÍN DE DUMIO + 580

San Martín Dumiense nació, como San Martín de Tours, en Panonia, en
la actual Hungría. Fue un gran caminante. Visitó Tierra Santa y trató con los
ermitaños de Oriente. Luego Roma, y en Francia, Arlés y Tours.
En Tours se encuentra con los emisarios del rey de los suevos que gobernaban en el
noroeste de España. Le hablan de sus gentes que han pasado del paganismo a la fe
cristiana. Martín se entera de que lo que allí impera es el arrianismo. Sus ansias
viajeras y apostólicas es encienden y ya vislumbra su corazón un campo preparado para su
celo apostólico.
Su campo de apostolado será el reino suevo,
establecido siglo y medio antes en la Galicia hispano-portuguesa.
Poco después Martín desembarcaba en Galicia por la desembocadura del Miño. Se instaló
en Braga, corte de los reyes suevos. Pronto tuvo discípulos deseosos de imitar su vida de
soledad y penitencia. Les organizó, les instruyó en lenguas clásicas y en teología, y
así nació la abadía de San Martín de Dumio (550), centro de influencia religiosa y
fuente de cultura.
Nombrado Obispo de Braga (570) y Metropolitano de Galicia, desplegó una intensa actividad.
Reúne concilios, como el Lucense y Bracarense, purifica la doctrina de los errores
arrianos, promueve la buena formación del clero para renovar la vida del pueblo. Tal era
su fama que Gregorio de Tours, su contemporáneo, se siente incapaz de contar sus virtudes
y maravillas. El concilio X de Toledo lo llama santo. San Gregorio Magno lo elogia.
Y donde no llega su palabra, llega su pluma. Para los monjes escribe "Sentencias de
los Padres del desierto". Al rey le dedica "Fórmula de la vida honesta". A
los obispos y sacerdotes, "Tratados morales" y "Cartas". Para los
pueblos, todavía inficionados por los errores de Arrio y Prisciliano, "Corrección
de los rústicos", verdadera síntesis de dogma y moral.
Para los aspectos humanos de sus instrucciones se apoya en
Aristóteles y Cicerón, y sobre todo en Séneca. Puede ser considerado como el primer
ilustre senequista. Hasta en el estilo recuerda al filósofo cordobés. Es una muestra de
su flexibilidad y adaptación a su nueva patria. Es una prueba de saber encarnarse en el
pueblo que estaba evangelizando.
En su libro sobre las costumbres, dice hablando consigo mismo: "¿Qué importa que no
estés en la tierra donde viniste a la vida? Tu patria es el hogar donde has encontrado el
bienestar, y la causa del bienestar no radica en el sitio donde se vive, sino dentro del
hombre mismo".
Pero este grave moralista no sólo se apoyaba en la austera prosa de Cicerón y Séneca
como vehículo para el Evangelio. Gustaba también mucho de la poesía. Se adivina en sus
versos una clara influencia virgiliana. Versos que inscribía en los frontispicios para
instrucción de todos.
En verso está también su epitafio en la catedral de Braga: "Nacido en Panonia,
llegué, atravesando los anchos mares y empujado por un instinto divino, a esta tierra
gallega, que me acogió en su seno. Fui consagrado obispo en esta tu iglesia, oh glorioso
confesor de Tours. Restauré la religión y las cosas sagradas, y habiéndome esforzado en
seguir tus huellas, yo, siervo tuyo, que tengo tu nombre, pero no tus méritos, descanso
aquí en la paz de Cristo". Así recordaba su devoción al Santo de Tours.
San Leandro y San Martín fueron en España los grandes catequistas de los pueblos
germánicos, que del paganismo habían pasado el arrianismo. Y lo que Leandro hizo con los
visigodos, Martín lo consiguió con los suevos. San Isidoro le llama el propagador de la
fe en Galicia. Hoy le dan el título de Apóstol de los suevos.
Muere el 20 de
marzo del año 580. Su monasterio de Dumio, junto a la ciudad de Braga, se alza pronto
como gran luminaria auroral de la España sueva y visigótica.
Otros Santos: Nicetas, Wulfrano y Cutberto, obispos;
Arquipo, confesor; Pablo Cirilo, Eugenio, Jos, Alejandra, Claudia, Juliana, Fotins,
Víctor, Anatolio, Sebastián, Focio, Fótides, Teodoxia, Matrona, Parasceves, Ciriaca,
Eufrasia y , Eufemia, mártires; Beato Ambrosio, confesor; Beata María Josefa del
Corazón de Jesús Sancho de Guerra; Beato Francisco de Jesús María José Paláu Quer,
presbítero.