20 DE MAYO
SAN BERNARDINO DE SIENA
San Bernardino nace en Siena en 1380. Hijo de noble familia, quedó muy pronto
huérfano. Tuvo buenos maestros y una vasta formación. Pero fue la Virgen María la que
sobre todo lo tomó desde niño bajo su protección.
"Nací en el natalicio de Nuestra Señora. En la misma festividad entré en el
convento, vestí el hábito franciscano, hice los votos, celebré la primera Misa y
prediqué el primer sermón. Ella me llevará a la gloria".
En 1400 el azote de la peste llegó a Siena. Hasta
veinte personas al día morían en el hospital local. A esta sima de la muerte llegó un
grupo de jóvenes conducidos por Bernardino Albizeschi. Durante cuatro meses, Bernardino y
sus seguidores cuidaron de los moribundos. Aunque muchos de sus compañeros murieron,
Bernardino escapó a la enfermedad, aunque cayó víctima de una fiebre que le incapacitó
durante varios meses. Tan pronto como se había recuperado, una tía favorita suya quedó
ciega y postrada en cama. Se dedicó a su atento cuidado hasta que murió, catorce meses
más tarde. Sólo entonces quedó libre Bernardino para entrar en los franciscanos y
convertirse en uno de sus más famosos predicadores.
EI mismo año en que moría el dominico Vicente Ferrer en Vannes (1419), él
comenzaba en Milán su carrera apostólica como predicador. Contaba por aquel entonces
treinta y nueve años. La guerra asolaba a Europa, y la Iglesia apenas si surgía del gran
cisma de Occidente (1471). En medio de este mundo desgarrado fue donde Bernardino iba a
hacer oír: no ya el anuncio de los cataclismos postreros como Vicente Ferrer
, sino el llamamiento misericordioso del amor divino.
Se le vio pasar de Sena a Florencia y Milán, bajar hacía la Umbría y la Marca de
Ancona, caminando tan pronto a pie como montado sobre un asno. El pueblo de Roma se
congregaba para oírle. Y, con el fin de hablar a las multitudes en un lenguaje que les
resultara comprensible, predicaba la salvación en el Nombre de Jesús, cuyo anagrama JHS
(Jesús Hombre Salvador) inscribía en las paredes y frontones de los edificios públicos.
El papa Martín V se alarmó con esto hasta el punto de pensar en una posible
superstición, mas el fervor del apóstol se impuso a todos.
Lo suyo era recorrer pueblos y ciudades, levantando fervores y encendiendo
los corazones en el amor a Jesús y a la Señora.
Le siguen llamando de todas partes y a todos los sitios acude sin tomarse descanso alguno.
En esta vida peregrinante le sorprende la muerte, exhausto ya de fuerzas, en la ciudad de
Aquila, camino de Nápoles. Era el 20 de mayo de 1444, víspera de la Ascensión del
Señor a los cielos.
Otros Santos:
Baudilio, Águila, Alejandro, Asterio y Talaleo, mártires.
