22 DE MAYO
SANTA JOAQUINA VEDRUNA 17831854
Los padres de Joaquina fueron muy buenos cristianos y trataron de educar a
sus hijos en el santo amor y temor de Dios. Se llamaron Lorenzo de Vedruna y Teresa Vidal.
Gozaban de gran fama de caridad y de integérrimas virtudes cristianas. Nació en
Barcelona.
El mismo día que nació Joaquina--recibió las aguas bautismales en la iglesia parroquial
de Santa María del Pino.
Joaquina Vedruna nació en Barcelona, 16 de abril de 1783 en la calle Hospital no
lejos de las Ramblas, se la bautiza el mismo día en Santa María del Pino, la
iglesia de san José Oriol, y a los doce años quiere hacerse carmelita, pero no la
aceptan por su corta edad.
A cambio, comenzó Joaquina una especie de noviciado dentro de su propio hogar, para
disponerse a la auténtica vocación a la que Dios la llamaba: ser primeramente madre de
familia y, más tarde, ya viuda, religiosa y fundadora. Casada a los dieciséis en 1799 con Teodoro de Mas, hacendado de Vic
y procurador en los tribunales. Viviría
otros dieciséis un feliz matrimonio, en el que nacieron ocho hijos, (cuatro hijas suyas serán religiosas de
clausura), y en el que «cumplió
diligentemente sus obligaciones de esposa y madre» como diría Pío XII - en el
decreto de su beatificación .
En el curso de la guerra de la
Independencia, en la que su marido participa activamente, corre grandes peligros y ha de
ocultarse en el macizo del Montseny.
Privada de su esposo, siguió con más empeño en su entrega a la formación de los
hijos, en tanto que atendía en todos sus ratos libres a los enfermos de los hospitales de
Vich é Igualada, resumen de lo que seria más tarde la vida de su Congregación.
Junto con ocho jóvenes que se le unieron, comenzó en 1826 su nueva y definitiva
etapa como religiosa fundadora de la Congregación de las Carmelitas de la Caridad
realizando, al modo de Dios, el fallido ingreso en el Carmelo que solicitara a sus doce
años. En medio de la impiedad filosófica reinante en el siglo XIX, se sintió
llamada Joaquina a ofrecer con su Congregación una sólida formación religiosa a las
futuras madres de familia, sin dejar de atender nunca la llamada del doliente Samaritano
en sus hermanos de los hospitales, siendo «amor para los que la rodeaban luz para los que
la contemplaban».
Desde 1826 su congregación ésta se
extiende por toda España a pesar de la persecución de ciertos ambientes liberales;
Joaquina conoce la cárcel («Unos días de retiro sentarán muy bien a mi alma») y
durante la guerra carlista la comunidad es disuelta y ella tiene que exiliarse a Francia
sin recursos: «Viviremos a costa de la señora más poderosa que hay en el mundo, la
divina Providencia».
En 1843, el retorno y la restauración, y a su muerte en la Casa de Caridad de Barcelona, 28 de agosto de 1854, víctima del cólera, había fundado una
treintena de casas con más de trescientas monjas.
Sus restos fueron trasladados
posteriormente a Vich (188I).
Fue beatificada el 19 de mayo de 1940 y
canonizada por Juan XXIII el 12 de abril de 1959.

22 DE MAYO
SANTA RITA DE CASIA
1381-1457
Rita o Margarita, mística agustina, vivió entre los siglos XIII y XIV. No
conocemos ninguna biografía suya hasta 150 años después de su muerte en que aparecen
con cierta profusión. Esto explica el que encontremos datos incongruentes y deformados
por la tradición popular.
Es difícil discernir en los biógrafos aquello que se presenta como historia y aquello
que es fruto de la pía conjetura. Coinciden todos en señalar como lugar de su nacimiento
la pequeña aldea de Rocca-Porena y en un momento en que el destino político de la
República Casia, así como de toda Italia, está en franca crisis. Se atribuye a su
nacimiento un carácter milagroso.
Sus padres eran estériles y de avanzada edad. Su niñez transcurrió dentro de un
ambiente familiar muy cristiano; según el proceso de beatificación fue distinguida por
un prodigio especial, que luego se repetiría después de muerte: la presencia de abejas
blancas que entraban y salían de su boca. Aficionada a la oración y a la piedad nació
dentro de su corazón muy pronto el deseo de consagrarse a Dios. Sin embargo, tuvo que
desistir porque debía atender a sus padres.
Contrajo matrimonio hacia los 12 años con un joven influyente en la vida política.
Coinciden los biógrafos en describir las características de este matrimonio. Es
frecuente presentar a un marido brusco y vicioso que acabaría por ser atraído al buen
camino por la santa, quizá con la intención de exaltar la virtud de la santa. Lo cierto
es que cuando existía ambiente familiar armónico, en aquel hogar con varios hijos sucede
un grave contratiempo: el esposo es asesinado, sin duda por motivos políticos. La santa
tiene que afrontar este hecho y los deseos de venganza de sus hijos. Estos mueren
prematuramente, y comienza una nueva etapa en la vida de Rita.
Libre de todo lazo familiar intenta por todos los medios realizar sus antiguos deseos de
ingresar en el monasterio de Religiosas de la Orden de San Agustín en Casia. No le sería
fácil lograrlo, pues las reglas vigentes el monasterio eran muy exigentes y no admitían
más que vírgenes. Este obstáculo sería superado milagrosamente con la intervención de
la Virgen y de santos de su devoción, S. Agustín, S. Nicolás de Tolentino y S. Juan
Bautista, que, según refieren los biógrafos, con base legendaria, la introdujeron en
dicho monasterio estando cerradas puertas y ventanas.
Su vida estará llena de contrastes y esta nueva forma de total consagración por los
votos tendrá el sello del sufrimiento. Siempre tuvo una devoción especial a la Pasión
de Cristo, quien la hizo partícipe de sus sufrimientos marcándole la frente con el
estigma de una espina.
Después de ser ejemplo de las virtudes cristianas más heroicas, murió hacia el año
1457, siendo ya septuagenaria.
Por los numerosos hechos extraordinarios ocurridos en su vida y a raíz de la muerte, se
convirtió Casia muy pronto en lugar de peregrinación, al mismo tiempo que la devoción
popular fue extendiéndose, no sólo a Italia, sino a todo el mundo.
Su cuerpo permanece incorrupto en Casia en el rico Santuario dedicado recientemente a su
nombre. Por los muchos obstáculos que tuvo que superar, se la invoca con el título de
«abogada de los imposibles».
El distintivo de su devoción son las rosas, fundándose en la tradición que refiere el
hecho prodigioso de las preciosas rosas halladas en enero en el huerto de Rita horas antes
de su muerte. Fue beatificada el l6 jul. 1627 por Urbano VIII, que siendo Cardenal había
intervenido en la restauración del monasterio de Casia. Canonizada el 24 mayo 1900. Su
fiesta se celebra el 22 de mayo.
BEATO DIEGO JOSÉ
DE CÁDIZ,
presbítero 1743-1801

El Beato Diego José de Cádiz, incansable
misionero popular capuchino, nació en Cádiz el 1743. Recién ordenado sacerdote, quedó
impresionado por los estragos que causaban en la iglesia de España las corrientes
enciclopedistas y regalistas, mezcladas con las teorías del obispo de Tréveris,
Febronius, que negaba la constitución monárquica de la Iglesia, y afirmaba que el Papa
estaba sujeto al Concilio. Creó gran confusión.
Nuestro Beato ha sido comparado con San Vicente Ferrer, con San Juan de Ávila. Nunca ha
habido un orador sagrado tan popular. "Si a un tiempo predicaran San Pablo y el Padre
Cádiz, escribía un canónigo, un día oiría al Apóstol, y otro a fray Diego".
Dios le dio grandes dotes, y eso que lo rechazaban por fracasar en los estudios.
Vivió treinta años de vida activísima. Recorrió varias veces toda Andalucía, siempre
a pie. Y puede decirse que no quedó ninguna región española que no recibiera su
predicación. El cardenal Lorenzana escribía entusiasmado: "La entrada de Fray Diego
en Toledo ha sido tan magnífica como la de Jesús en Jerusalén". Todos lo
reclamaban. No daba abasto. En sus misiones populares hablaba varias horas al día, ante
muchedumbres de hasta cincuenta mil personas, siempre al aire, a pulmón limpio,
incansable, fogoso, arrollador. Acudían toda clase de gentes a escuchar su palabra de
fuego. En él veían al hombre de Dios, que avalaba su predicación con santidad de vida y
con los muchos milagros que obraba.
¿De dónde sacaba tiempo? Pues dedicaba varias horas al día a la oración mental, y su
correspondencia epistolar es inmensa. De la Virgen María, a la que llamaba Pastora de las
almas y de la paz, predicó más de cinco mil sermones, y seguramente pasaron de veinte
mil sobre otros temas. Aparte de escribir una cantidad ingente de obras ascéticas y
devocionales.
El veía claramente los peligros que se cernían sobre España. Las ideas de la
"ilustración" sembraban confusión en las mentes y luego venía la pérdida de
las buenas costumbres. Y, como dice el refrán, que hace más por la luz el que enciende
una cerilla que el que maldice de las tinieblas, se puso a escribir y predicar a todas
horas y en todas partes.
Su director espiritual le repetía que Dios le había escogido para sembrar luz por toda
España, desde la Corte hasta la última aldea. En su misión de Aranjuez y Madrid quiso
atraer al buen camino a la reina María Luisa, esposa de Carlos lV. No lo pudo conseguir,
y menos por la influencia perniciosa de Godoy. Pero fray Diego no se arredraba nunca.
Dios le concedió carismas extraordinarios: comunicaciones místicas, don de profecía y
muchos milagros. Pero también hubo de pasar por el crisol de la tribulación. Cuenta que
siendo estudiante se sentía atado por la inclinación afectuosa a una persona, lo que le
tenía disperso y desconcentrado. "Clamé a Dios, corté aquellos apegos y todo
cambió en mí".
No se le ahorró ni la acometida
de las tentaciones carnales, ni el cansancio ante los fracasos. Pero tuvo paciencia, puso
los medios y de todo lo sacó a salvo el Señor. Su vida fue un don de Dios para la
España del XVIII.
Su libertad evangélica a la hora de corregir, le trajo problemas. Estuvo un tiempo
confinado por orden del Gobierno. Fue denunciado a la Inquisición, que le obligó a medir
más sus palabras. El seguía incansable su tarea de apóstol, mientras tuvo fuerzas. Se
había desvivido por sus hermanos. Poco antes de morir repitió: "Señor, Tú sabes
que te amo".
Otros Santos:
Antón, obispo; Beato Diego José de Cádiz, presbítero; Beata
María Doménica Brun Barbantini, religiosa; Santa Quiteria, virgen; San Román, abad;
Elena, virgen.
