29 DE MAYO

SAN GUILLERMO DE TOLOSA 1242

guillermotolosan.jpg (15912 bytes)¿Alguna vez te han tomado el pelo? Si así es, sabrás lo poco que puedes hacer por salvarte a ti mismo. A San Guillermo de Tolosa y sus compañeros, Guillermo Amaud, Esteban, Raimundo y otros nueve, les tomaron el pelo: regiamente. Invitado a permanecer en un castillo perteneciente al conde Raimundo VII de Tolosa, fueron en cambio asesinados por una banda de soldados que los aguardaban allí.
Que le tomen a uno el pelo, incluso si no acaba en asesinato, no es agradable. En el mejor de los casos, nos enoja más con nosotros mismos, por haber sido tan estúpidos, que con los demás.
A veces, sin embargo, no hay nadie más a quien culpar. Nos burlamos de nosotros mismos por causa del fracaso, la decepción y el desánimo. Cuando emprendemos un proyecto sin la preparación adecuada, cuando dejamos una abertura para alguien de lengua mordaz, cuando nos andamos con tantas dilaciones que no podemos cumplir nuestras obligaciones, entonces nos dejamos tomar el pelo. De un modo perverso, creamos situaciones en las que estamos abocados a fracasar de modo que no se nos pueda pedir cuenta por nuestras acciones. Puede deberse a que tenemos miedo de vivir a la altura del nivel que nos asignamos a nosotros mismos, o a que tenemos miedo del éxito. Cualquiera que sea la razón, las peores exposiciones al ridículo a menudo vienen de dentro.
No siempre podemos impedir que otros traten de burlarnos, pero podemos evitar ponemos nosotros mismos en ridículo. Podemos tratamos a nosotros mismos con el mismo respeto que concederíamos a los demás. Y lo que es más importante, sin embargo, incluso cuando no nos ponemos en ridículo nosotros mismos, siempre podemos tratar la experiencia como un aprendizaje.

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SANTA BONA DE PISA 1156-1207

bonadepisan.jpg (13676 bytes)La virgen viajera, con toda la intrepidez que significaban los largos viajes en el siglo Xll. Se dice que desde muy niña tuvo visiones sobrenaturales, y a los diez años se consagró a Dios bajo la regla agustiniana; hubiérase dicho que su futuro iba a ser la quietud de un claustro, y sin embargo no hubo mujer más andariega en su tiempo.
Ya a los catorce años emprende su primer viaje para ver a su padre, que estaba cerca de Jerusalén luchando en las cruzadas. A su regreso cae en poder de unos piratas musulmanes, sufre heridas, conoce el cautiverio y finalmente es rescatada por unos compatriotas pisanos.
Esta aventura parece espolearla a lanzarse otra vez a los caminos, siempre guiada por la fe y la caridad. Roma está muy cerca y no dejará de ir, pero ¿por qué no peregrinar también a la española Compostela, con una piadosa multitud a la que puede prestar la asistencia y los servicios de una buena hermana?
Hasta ocho veces más irá a postrarse ante el sepulcro del apóstol Santiago en Galicia, siendo un solícito ángel bueno para los demás peregrinos (las azafatas de hoy la tienen por santa patrona), y como era de esperar la última enfermedad la sorprende por los caminos, y muere en su ciudad natal muy poco después de su regreso.
La inquieta Bona, que conoció tantas tierras lejanas e hizo su vida servicial para los caminantes, descansará por fin entre los suyos, como quien llega a la posada de Dios tras mucho andar fatigado Y alegre en pos de sus huellas.

Otros Santos: Justo, obispo; Beato Félix de Nicosia; Beato Guillermo Arnaud, presbítero y compañeros mártires; Beato José Gerad, presbítero; Beato Pedro Sans, mártir; Félix y Voto, anacoretas; Santas Teodosia y Bona, madres de familia y mártires;

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