26 DE OCTUBRE
SAN VIRILA SIGLO X
El
monasterio de Leyre existía ya en el siglo IX, como atestigua san Eulogio, y no tardó en
convertirse en el más importante de los centros monásticos de Navarra. El impresionante
conjunto monumental que se admira hoy - con partes del siglo XI y otras del XVII- está al
pie de la sierra de Errando, donde los excursionistas pueden visitar aún la fuente de san
Virila.
Este Virila o Virilio, el más famoso de los abades de Leyre, no es un personaje de
leyenda, se le cita como abad en un documento del año 928, y según una remotísima
tradición nació en el pueblo vecino de Tiermas. Sus reliquias se veneran en la catedral
de Pamplona.
De él se cuenta que era un alma tan contemplativa que encontrándose en la sierra oyó el
canto de un pajarilla, y aquellos trinos maravillosos le sumieron en tal éxtasis que
permaneció allí en un místico ensueño, como escuchando la voz de un ángel que cantara
la gloria divina, durante trescientos años. «La celeste plegaria / oyó trescientos
años al borde de una fuente», como dice Valle-Inclán.
Pasados tres siglos, cuando volvió al monasterio quedó atónito, los monjes ya no
llevaban el hábito negro de san Benito, sino el blanco de los cistercienses, porque en el
curso de este tiempo había habido violentísimas y escandalosas luchas entre ambas
órdenes por la posesión de Leyre.
San Virila no se había enterado de nada, tres siglos habían pasado para él, como suele
decirse, en un vuelo, o, mejor, en un trino. La belleza que identificaba con Dios le
permitió olvidarse del tiempo y sobrevolar la política, actitud según algunos poco
recomendable (aunque en el Evangelio Cristo dice a María que ella ha elegido bien).
Otros Santos:
Valentín y Engracia, mártires;
Luciano y Marciano, mártires; Fulco, obispo; Gilberto, Abad; Beato Damián
de Finale, presbítero; Felicísimo, mártir.
