9 DE OCTUBRE

SAN JUAN LEONARDI 1541-1609

juanleonardin.jpg (9799 bytes)San Juan Leonardi nació cerca de Luca, en Toscana, hacia el 1541. Después de haber sido ayudante de Farmacia, recibió el sacerdocio en 1571 y reunió en torno a sí una comunidad de clérigos para catequizar a la juventud y prevenir a los adultos contra la infiltración de las ideas protestantes: los clérigos de la Madre de Dios (1574). Pero el vigor con que Juan fustigaba los vicios de sus compatriotas le granjeó: ciertas enemistades. Tuvo que abandonar Luca. Se dirigió a Roma, en donde vivió junto a San Felipe Neri, cuya amistad y confianza conquistó. Allí mismo, ansioso por la formación de sacerdotes aptos para ir como misioneros a las más distantes regiones, Leonardi asentó las bases del Seminario de la Propagación de la fe, en colaboración con el futuro cardenal Juan Bautista Vives (1603). Esto, no obstante, el célebre Colegio Romano de la Propagación de la fe no se erigiría oficialmente hasta 1627 por obra del papa Urbano VIII. Para entonces, ya hacía dieciocho años que había Muerto Juan Leonardi, víctima de su caridad durante una epidemia de peste (1609). Al recibirlo como hijo espiritual, Felipe Neri, con su humor proverbial, dijo: «Eres santo, pero trabaja por seguir como hasta ahora». Para ser santo, Juan Leonardi no había dejado nunca de progresar en la entrega de sí mismo a Dios y a sus hermanos.

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SAN LUIS BELTRÁN 1526-1581

luisbeltrann.jpg (24292 bytes)Es una imagen ardiente y severa que admira e impresiona más que seduce. Mejor recurrir a la franqueza: no resulta simpático, ni lo era tampoco para los que le conocieron en su tiempo; la suya es una santidad férrea, sin atractivos humanos.
Era de Valencia, hijo de un notario, se hizo fraile dominico contra la opinión de su, padre, y a pesar de que tenía muy mala salud, sus dotes debían de ser tan espléndidas que a los veintitrés años era ya maestro de novicios. «Criaba a sus novicios en grande aspereza y penitencia», se nos dice, aunque no mayor que las que usaba consigo mismo.
Este fraile grave y extremoso, que horrorizaba a los demás con sus mortificaciones, querrá ir a las Indias, y allí - Colombia, Panamá, las islas antillanas - se dedica a los indígenas con tal celo que consigue multitud de conversiones; se habla también de muchos milagros, y de innumerables enemigos, porque se enfrenta a la rapacidad de los encomenderos.
Sigue siendo de fuego y de exigencia cuando vuelve a su Valencia natal, donde será prior. Santa Teresa le consulta, san Juan de Ribera le tiene en gran estima, y muere fiel a una teoría del menosprecio que define a ese santo adusto: «Menospreciarme a mí, menospreciar a nadie, menospreciar al mundo y menospreciar el ser menospreciado».
Su atributo - por un milagro que dicen que realizó cuando iban a asesinarle - es singular: una pistola cuyo cañón se convierte en crucifijo, o la violencia amansada en Dios, metamorfosis de las guerras de dentro en la cruz que redime a todos.

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SAN DIONISIO (¿ 258?)

dionision.jpg (16754 bytes)Hacia el año 495, Santa Genoveva hizo edificar una basílica sobre el sepulcro de San Dionisio. Es este el testimonio más antiguo que poseemos con respecto al primer obispo de París. Un siglo después, Venancio Fortunato atestigua la difusión de su culto hasta Burdeos, mientras que Gregorio de Tours relata cómo, hacia el 250, el Papa de Roma había enviado a la Galia a siete obispos que se habían afincado respectivamente: Gaciano en Tours, Trófimo en Arles, Pablo en Narbona, Saturnino en Tulouse, Dionisio en París, Austremonio en Auvernia y Marcial en Limoges. Parece que fue breve el episcopado de Dionisio, pues se cree que sufrió el martirio en la persecución de Decio (250-251) o, con mayor probabilidad, en la de Valeriano (258). El cuerpo del mártir fue depositado en el mismo lugar en que se levantaría la basílica de San Dionisio. junto a ella se fundó una abadía, que estaba llamada a alcanzar una notable irradiación (siglo VII).
En cuanto al lugar del martirio, quizá fue Catuliaco, aldea próxima a París por el norte, que hoy lleva el nombre de Saint-Denis y es un centro industrial. Parece sin fundamento y muy tardía la tradición que le supone muerto en la colina de Montmartre, a corta distancia de la moderna y no demasiado espiritualizada Place Pigalle.
En Catuliaco se construyó primero una basílica (posteriormente catedral) para acoger sus reliquias, y el lugar, convertido en monasterio en el siglo VII, acabará siendo el panteón de los reyes de Francia, de los cuales es patrono san Dionisio.
Se le representa a menudo con la cabeza en las manos, origen de la leyenda de que, tras su decapitación, se levantó y cogiendo su cabeza echó a andar hasta desplomarse donde una piadosa mujer le dio sepultura.
No menos legendaria es la historia que le hace contemporáneo de los apóstoles e incluso le identifica con el Dionisio Areopagita que san Pablo convirtió en Atenas, y al que se atribuyeron infundadamente diversas obras de carácter místico que en realidad fueron escritas en el siglo V.
Santo invocado bélicamente por los franceses de antaño en las batallas, como Santiago entre los españoles, forma parte sustancial del pasado de Francia.

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BEATO INOCENCIO DE LA INMACULADA Y COMPAÑEROS MÁRTIRES

Inocencio de la Inmaculada nace en la parroquia de santa Cecia en el valle de Ouro (Foz-Lugo) el 10 de marzo de 1887. De niño siente admiración y simpatía por los pasionistas, que misionan en su parroquia e ingresa en esta congregación en Mondoñedo. Ordenado sacerdote en 1913, dedica su vida a la enseñanza en diversos colegios de la congregación al mismo tiempo que desenvuelve una gran actividad sacerdotal. Su virtud más peculiar es la disponibilidad. Así lo manifestó cuando, sin vacilar y con gusto, se dirigió el 4 de octubre de 1934 de Mieres a Turón (Asturias) para confesar a los niños de la escuela de los hermanos de Lasalle y a la gente de la parroquia. Detenido con ocho religiosos de Lasalle y varios seglares, consiguió la gloria del martirio el 9 de octubre, durante la revolución de Asturias.

Otros Santos: Dionisio Areopagita; Beatos Cirilo Bertrán ,Marciano José, Augusto Andrés, Aniceto Adolfo y Vilfrido, mártires de Turón.

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