16 DE SEPTIEMBRE
SAN CORNELIO Y SAN CIPRIANO S. III
San Cipriano, obispo de Cartago, fue decapitado el 14
de septiembre del 258. Refugiado desde hacía algún tiempo en el campo, había regresado
a Cartago para sufrir el martirio puesto que, como escribía, «conviene que sea en la
ciudad, al frente de cuya Iglesia se halla, donde el obispo confiese al Señor para que de
este modo la irradiación de su confesión represente la de todo el pueblo». Le
acompañó una gran muchedumbre hasta el lugar de la ejecución, y su muerte revistió
toda la majestuosidad de una solemne liturgia. Cipriano es el modelo ideal del obispo
católico. Como cabeza de una comunidad, para quien la Iglesia es «un pueblo que forma
una única cosa con su sacerdote», se halló siempre en la brecha para sostener los
ánimos que desfallecían, para animar a los hermanos condenados a las minas o al
destierro y para reconciliar a los caídos; llevaba consigo, al igual que San Pablo, el
cuidado de todas las Iglesias y la obsesión de su unidad. Más tarde, cuando le llegó el
momento, acogió su condena a muerte con un vibrante: ¡Deo gratias!.
Cipriano estaba unido por los lazos de la amistad con el papa Cornelio que murió
algunos años antes desterrado en Civitavecchia, tras un breve pontificado (250-253): «En
caso de que Dios le haga a uno de nosotros la gracia de que muera pronto - había escrito
Cipriano a Cornelio - que nuestra amistad continúe junto al Señor». Al no separar el
recuerdo de ambos, la Iglesia perpetúa la memoria de semejante amistad.
En tiempo de las persecuciones romanas, algunos cristianos primitivos renunciaron a su fe.
Muchos de nosotros, teniendo que escoger entre los leones y un juramento al emperador,
habríamos hecho lo mismo. Sin embargo, cuando las persecuciones finalizaron, algunos que
habían abandonado la Iglesia quisieron volver.
Algunos cargos de la Iglesia creían que cualquier que hubiera negado la fe estaba de mala
suerte. Si te sales una vez, es para siempre, sostenían. Otros creían que a quienes
habían abandonado se les debía permitir volver, aunque sólo tras ardua penitencia. Aún
había otros que creían que debía acogerse de vuelta a todo el mundo sin hacer
preguntas.
San Cornelio fue Papa durante este periodo de gran controversia. Las cosas se caldearon
tanto finalmente que convino un sínodo, el cual determinó que quienes habían saltado
del barco, por así decirlo, podrían volver a bordo a través de los medios usuales del
sacramento de la penitencia.
En cierto sentido, San Cornelio es el santo de las segundas oportunidades. Dado que todos
cometemos errores, todos necesitamos una segunda oportunidad alguna vez en nuestra vida.
Metemos la pata hasta el fondo, y no podemos hacer ya otra cosa sino decir que lo sentimos
y pedir perdón. Aunque los otros seres humanos puedan no siempre estar tan predispuestos,
Dios siempre está dispuesto a recibirnos de nuevo. La única cosa capaz de separamos del
amor de Dios es nuestra propia obstinación y nuestro rehúse a pedir perdón.
![]()
Cuando estamos solos, necesitamos recordar que nunca estamos solos.
María, todos los santos y todos los ángeles están siempre con nosotros. Para San Juan
Macías, hermano dominico, los santos eran en verdad compañeros reales. De niño
pequeño, cuidando ovejas en su España natal, se dice que fue visitado a menudo por san
Juan Evangelista, así como por María y Cristo niño.
Cuando llegamos a conocer a los santos, pronto comprendemos que pueden también ser
nuestros compañeros. Aunque no podamos verlos realmente (y, para ser sinceros, podríamos
no querer ver nunca realmente un santo), podemos sentir su presencia en nuestros
corazones y en nuestras mentes Cuando tenemos preguntas o preocupaciones, podemos acudir a
ellos como lo haríamos con cualquier otro amigo.
Los santos no entrarán en nuestra vida sin invitación. Ellos nos aguardan. Si nunca
llegamos a conocer a los santos, probablemente sea porque no hemos tomado la iniciativa de
intentar conocerlos.
¿No es a menudo así? Conocemos a alguien, pero, por temor al rechazo o por inseguridad,
no tomamos la iniciativa de aproximarnos. Imaginamos que no estarían interesados o que
pensarían que somos repulsivos, de modo que no hacemos esa llamada de teléfono ni
formulamos esa invitación. Cuándo te niegas a ti mismo la oportunidad de acercarte,
¿quién está perdiendo realmente?
OTROS SANTOS: Abundio, Niniano, obispos; Abundancio, diácono; Eufemia, virgen y mártir; Geminiano, Marciano, Juan, Lucia, Rogelio, Servideo, Sebastiana, mártires; Rogelio, monje y mártir; ; Edith, virgen; Ludmila
![]()