8 DE SEPTIEMBRE
NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARIA
Desde comienzos del siglo VI se venera en Jerusalén,
junto a la piscina de Bezatha, el lugar en que habría nacido la Virgen María. San Juan
Damasceno celebró el misterio de este día en la basílica de la Natividad de María,
convertida en el siglo XII en la iglesia de Santa Ana: «Venid todos, ¡celebremos con
alegría el nacimiento de la alegría del mundo enteros Hoy se ha formado en la tierra,
partiendo de la naturaleza terrena, un nuevo cielo!. Hoy da comienzo para el mundo la
salvación». La liturgia se hace eco de estas palabras. Si el «comienzo de la
salvación» alude propiamente a la Maternidad de María, se puede decir que el nacimiento
de la Inmaculada Madre de Dios «fue para el mundo esperanza y aurora de salvación».
Desde su aparición sobre la tierra, María ocupa un lugar privilegiado dentro del plan de
Dios: es «la Virgen que dará a luz un hijo», aquella que dará el ser «al Sol de
justicia, Cristo nuestro Dios». De ahí que «celebremos con alegría el nacimiento de
María» y que, como consecuencia, esperemos «conseguir aumento de paz» para el mundo.
Las Iglesias de Oriente cantan de modo paralelo: «Este día es el preludio de la alegría
universal. En él han comenzado a soplar los vientos que anuncian la salvación»
(Liturgia bizantina).
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Nª Sª DE LA FRANQUEIRA, patrona de la Diócesis de Tui-Vigo
Extendida
es la conocida tradición que nos refiere la aparición de la imagen de la Virgen de La
Franqueira, cuyo origen se quiere remontar, aunque se ignore el fundamento, hasta el siglo
Vll. Una imagen que desde tiempos remotos era venerada por los nativos, quienes la
ocultaron ante el temor de los sarracenos, en una gruta en lo alto de La Paradanta, donde
permaneció hasta que una anciana que pastoreaba sus ganados descubrió unas luces que
señalaban el lugar elegido de la sagrada imagen. Se extendió la noticia entre el
vecindario y entre los habitantes de los lugares inmediatos, y surgió una discusión
entre los vecinos de dos lugares próximos a la gruta, concretamente Luneda y Franqueira,
sobre a cuál de los dos pertenecía la imagen encontrada. Se puso la imagen de piedra en
un carro del país, tirado por una pareja de bueyes a los que se vendó los ojos para que
fuesen a su placer hacia el lugar en donde se daría culto a la Virgen María,
construyendo una iglesia en la cual se colocaría la imagen. EL carro tirado por los bueyes
se dirigió hacia las partes del lugar de La Franqueira, deteniéndose en las proximidad de una fuente, en donde se construyó la primitiva
ermita. Diferentes documentos nos
constatan que en el siglo XI, había un monasterio Benedictino bajo la advocación de
Santa María, pasando en el año 1293 a incorporarse a la regla de San Bernardo,
estableciéndose una Abadía Cisterciense. Hoy en día el recuerdo de los cistercienses
queda reducido a la antigua iglesia monasterial, en donde todavía se ven cuatro tallas de
santos de la Orden que pertenecieron al retablo mayor. Después en la traza arquitectónica
del templo, destaca la sobriedad ornamental que San Bernardo quería para los lugares de
oración de sus Monasterios.
Desde hace siglos, La Franqueira, reúne a miles de devotos de toda la comarca de La
Paradanta, así como de toda la parte sur de la provincia de Pontevedra.
El 21 de Julio de 1963,Fray José López Ortiz coronó canónicamente la venerada imagen
de la Virgen.
El 23 de Julio de 1988,D. José Cerviño y Cerviño, en la celebración de las Bodas de
Plata de la Coronación consagró la Diócesis de Tui-Vigo a la Virgen.
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Virgen de Covadonga. Paisaje de ensueño. Cuna de
España. Aquí se recogieron los residuos godos del Guadalete, al mando de Don Pelayo,
para reconquistar España. Desde aquí vencieron al ejército agareno, que venía a las
órdenes de Alkamán y del arzobispo Opas, traidor a su patria y a su fe.
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SAN ADRIANO 306
Las primeras vidas de
santos dicen que San Adriano, oficial del ejército romano, fue conmovido de tal manera
por la paciencia de los cristianos a quienes perseguía que él mismo se convirtió al
cristianismo y fue martirizado. Tras su muerte, sus reliquias fueron llevadas primero a
Constantinopla, luego a Roma y finalmente a Flandes.
Las reliquias son uno de los aspectos más interesantes de los santos. Por definición,
una reliquia de primera clase es una parte del cuerpo del santo, por ejemplo, un trocito
de hueso; una reliquia de segunda clase es algo con lo que se ha tocado al santo o su
tumba.
Descritas tan metódicamente, las reliquias suenan algo morbosas, pero, de hecho, la
mayoría de nosotros guardamos reliquias de quienes amamos. Es sólo que nosotros no les
llamamos reliquias. ¿Tienes el anillo de tu abuela? Entonces posees una reliquia de
segunda clase. ¿Conservas una flor del ramo nupcial de tu hermana? Entonces estás
atesorando una reliquia de tercera clase. Si alguien a quien amabas fue cremado y tienes
la urna, puedes incluso tener una reliquia de primera clase.
Nuestras reliquias nos ayudan a recordar a las personas que amamos incluso después de
muertas. Son un modo de recordarnos nuestra conexión aquí en la Tierra y de alentamos en
la esperanza de la reunión en los cielos. Lo mismo exactamente sucede con las reliquias
de los santos. Nos ayudan a recordar nuestra esperanza de que algún día también
nosotros nos encontraremos cara a cara.
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